sábado, 10 de junio de 2017

La magnolia

Yo nunca fui así ni de lejos. Siempre fui un tipo centrado, con nervios templados, rara vez caía enfermo, resolutivo. Y ahora qué. Ahora tengo fiebre día sí, día también. La conocí aquella tarde, paseando por el parque. Haz ejercicio, me decía todo el mundo, te vendrá bien coger aire fresco. Yo era feliz en mi habitación multimedia después de trabajar ocho horas resolviendo desaguisados informáticos. Mi vida era y es un código binario. Yo no quería ser un Carl Lewis de las pistas, sino de los bytes. No quería ser un ligón de bares, sino de los chats. No quería tener una tableta por abdomen, sino una de última generación que me pudiera llevar a todos lados para seguir conectado. Pero el médico me regañó. Tienes que caminar Joaquín, que el colesterol se te va a disparar. Que no se puede estar todo el día sentado, que tu corazón va a estallar. ¡Ay! Y seguí su consejo. Me compré ropa deportiva, unas zapatillas de las que te hacen volar y me fui al parque. Y allí la conocí a ella, toda natural, nada de microchips ni circuitos. Una auténtica magnolia que me provocó una alergia irreversible galopante. Ahora salgo a caminar en una cinta de correr con un fondo en pantalla gigante con playas doradas y sonido marino que me relajan, que dicen que lo mejor para los alérgicos es el aire del mar. Y por la calle, mascarilla como un apestado. Quién me va a querer ahora. Ya sólo puedo con las sirenas del grupo de habitantes marinos. ¡Maldita primavera!

Relato escrito para el reto "Maldita primavera" de la comunidad de Google+ Escribiendo que es gerundio.

domingo, 21 de mayo de 2017

El callejón felino 13

13

Una llamada y una pescadería.

Desperté con el ánimo renovado, dispuesta a poner en marcha todo mi arsenal y acabar con aquel misterio. Salí bien temprano, con las precauciones propias de una ocupa fugitiva, en busca de una tienda de telefonía. Como era lógico, el dependiente trató de venderme el modelo más caro. Tuve que vencer mi impaciencia para no sucumbir a sus encantos y gastar mis ahorros en algo de lo que probablemente tendría que deshacerme en un corto espacio de tiempo. Abandoné la tienda con el modelo más económico del mercado, obsoleto y a punto de ser retirado, y las probables maldiciones del dueño que seguramente se estaba arrepintiendo de haberlo colocado en un expositor, a la vista. Crucé la calle y entré en un centro comercial que era lo suficientemente grande como para pasar desapercibida.

domingo, 7 de mayo de 2017

El callejón felino 12

12
Una realidad deformada.
Hay cosas que echo de menos. Ahora me doy cuenta entre estas paredes sin ningún adorno, de espuma de mar blanca, que el fallo no reside en los que imaginan un mundo paralelo, sino en los que lo interpretan y creen que está mal, porque en su dogma se les escapa ese mundo y la mente de los que vivimos al margen. Son seres grises, ni blancos ni negros, monstruos que devoran sueños y que se han apropiado de mi alma. Al menos, eso es lo que ellos creen. Pero una pared en blanco es una invitación para crear. Y así la mente serena dibuja pabellones enmarcados en secreto. La dicotomía es simple. Para ellos solo soy una paranoica cuyos desórdenes estorban. Para mí, puede que para alguien más, soy una molécula traicionada por otras que fingen escuchar con interés.