viernes, 7 de julio de 2017

El callejón felino 14

14
Un encuentro seguro (1).
Me entretuve mirando por la ventana que daba a un patio interior comunitario. Desde allí podía ver con claridad que de las cuerdas que en algún momento de este siglo había colgado ropa lavada, ahora la brisa mecía, no sin esfuerzo, tiras y tiras de pasta que se secaban lentamente. Las lavanderas habían dejado paso a los tejedores de arroz. Sin embargo, bajo aquel entramado de cereal no parecía haber vida, al menos a aquella hora de la mañana, en la que tan solo se podían distinguir al oído débiles chasquidos semejantes a los que producen los ratones al correr por los falsos techos de una casa. Todo aquel mundo de quietud aparente, que a un gato le habría despertado el instinto de cazador, a mí comenzaba a producirme cierto sopor. Tras jugar unos cuantos solitarios, único extra que parecía soportar mi nuevo mejor amigo, me decidí a abandonar aquel lugar, si es que no me habían dejado encerrada en aquel cuartucho. Estaba a punto de girar el picaporte cuando la puerta se abrió repentinamente golpeándome en medio de la cara. Lo último que vi antes de que todo se fundiera en negro, fue a la enfermera intentando agarrarme.

domingo, 21 de mayo de 2017

El callejón felino 13

13

Una llamada y una pescadería.

Desperté con el ánimo renovado, dispuesta a poner en marcha todo mi arsenal y acabar con aquel misterio. Salí bien temprano, con las precauciones propias de una ocupa fugitiva, en busca de una tienda de telefonía. Como era lógico, el dependiente trató de venderme el modelo más caro. Tuve que vencer mi impaciencia para no sucumbir a sus encantos y gastar mis ahorros en algo de lo que probablemente tendría que deshacerme en un corto espacio de tiempo. Abandoné la tienda con el modelo más económico del mercado, obsoleto y a punto de ser retirado, y las probables maldiciones del dueño que seguramente se estaba arrepintiendo de haberlo colocado en un expositor, a la vista. Crucé la calle y entré en un centro comercial que era lo suficientemente grande como para pasar desapercibida.

domingo, 7 de mayo de 2017

El callejón felino 12

12
Una realidad deformada.
Hay cosas que echo de menos. Ahora me doy cuenta entre estas paredes sin ningún adorno, de espuma de mar blanca, que el fallo no reside en los que imaginan un mundo paralelo, sino en los que lo interpretan y creen que está mal, porque en su dogma se les escapa ese mundo y la mente de los que vivimos al margen. Son seres grises, ni blancos ni negros, monstruos que devoran sueños y que se han apropiado de mi alma. Al menos, eso es lo que ellos creen. Pero una pared en blanco es una invitación para crear. Y así la mente serena dibuja pabellones enmarcados en secreto. La dicotomía es simple. Para ellos solo soy una paranoica cuyos desórdenes estorban. Para mí, puede que para alguien más, soy una molécula traicionada por otras que fingen escuchar con interés.